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VIAJES: Del turismo tradicional a lo sustentable

¿A quién de ustedes NO le gusta viajar? Creo que todos disfrutamos de conocer un lugar nuevo, comer algo rico en un sitio desconocido frente a una hermosa vista o simplemente salirnos de la rutina mientras vamos en un road trip escuchando nuestra música favorita. 

Tal vez habrá alguien por ahí que prefiera de entre estas experiencias algo diferente, pero es cierto que en México y en el mundo, existimos muchos viajeros con ganas de conocer cada día más lugares. 

Sin embargo, lamentablemente el turismo como todo en la vida, también tiene su lado oscuro, y el impacto que éste está teniendo es cada vez más negativo, lo vemos con la enorme cantidad de basura que se genera en los sitios turísticos o que cada día incrementan las empresas o turistas que prefieren su “comodidad y placer” a costa del bienestar de sus destinos.

Ante esto y muchas estadísticas, el turismo responsable (sostenible, entre muchos otros adjetivos) comienza a hacer eco en nuestros oídos y con más frecuencia escuchamos la palabra sustentabilidad, que aunque para algunos es “una moda” para otros se está convirtiendo en un estilo de vida necesario.

Ser un viajero responsable no sólo significa no tirar basura (lo cuál es súper importante) sino conlleva una serie de hábitos y prácticas que nos permiten a los viajeros regresar un poco de lo que recibimos a cada destino y disfrutarlo de una manera más auténtica, profunda, con mayor empatía y conexión. 

Hace unos años, que decidí emprender un viaje sola por algunos países de Asia, comencé a entender muchos de estos conceptos que sinceramente no estaban en mi vocabulario, pero que resonaron en mi vida y fueron apareciendo como pequeñas lecciones que me dieron claridad.

Lección 1) Respeto a lo desconocido

Había días en lo que lo único que quería era adentrarme en un pueblo pequeñito en equis lugar y conocer su vida local, escuchar el idioma, tomarme una taza de té o de café y disfrutar de la sazón más rica de la señora o señor del restaurante más pequeñito del sitio. Con esto intentaba conectarme con la esencia de la localidad, platicar o comunicarme de la manera que fuera, escuchar sus palabras más comunes y conocer sus usos y costumbres en donde muchas veces eran muy extrañas, difíciles de entender, o muchas otras eran admirables con hermosos rituales.

A veces, cuando viajamos solemos comparar mucho y muchas veces criticar, ser un viajero responsable nos permite comprender con mayor aceptación que cada lugar es diferente, que seguramente no habrá la misma comida que ya has probado y que te gusta, o que habrá situaciones incómodas que te harán repensar si ese viaje fue la mejor decisión, pero que con respeto todo es mucho más fácil de digerir e incluso entender que muchas cosas desconocidas te terminarán gustando.

Lección 2) Conexión con la tierra

De igual manera, me encantaba conectar con la naturaleza, creo que nunca antes había disfrutado tanto de ver un atardecer o de estar por horas en el bosque, caminar en él mientras escuchaba mis pisadas en las hojas secas o dejarme llevar por las olas del mar de una playa desconocida. Aquí me di cuenta cuán subestimada tenemos la conexión y el cuidado por nuestra tierra, a veces locales y turistas dejaban basura tirada por donde fuera, la cual evidentemente afectaba tanto a la sanidad del lugar como a su flora y fauna, afortunadamente había también viajeros que iban cargando con su basura por todos lados hasta encontrar algún bote cercano en donde pudieran depositarla.

 Una de las cosas más importantes cuando viajamos es dedicar momentos para disfrutar de actividades al aire libre y pensar que si cuidamos estos espacios daremos oportunidad a que más viajeros y generaciones puedan disfrutarlos tanto como nosotros lo hicimos.

Lección 3) Consumo Local

Debo confesar que particularmente en India me disgustaba mucho la dinámica de muchos vendedores; a veces se aproximaban tanto a los viajeros invadiendo nuestro espacio, insistían mucho en que compráramos un producto o servicio, o nos daban precios exorbitantes sólo por ser extranjeros, en fin, hice muchos corajes hasta que decidí dejar de molestarme y fluir con la dinámica, aunque fuera difícil de entender (En México también pasa). Así que comencé a ser más empática con la gente que me ofrecía algo, escuchaba sin juzgar y claro si no lo necesitaba no lo compraba, pero si me gustaba no ponía una barrera y escuchaba las propuestas. Con esto me di cuenta que toda esta gente vivía del turismo, y aunque evidentemente no está bien que algunos vendedores quieran tomar ventaja de los turistas, es importante que nos volvamos empáticos con sus necesidades para que ellos también lo hagan con las nuestras, comprender que muchos comerciantes o artesanos locales alimentan a familias enteras con nuestro consumo; así que aprender a hacer una compra justa (ni más ni menos) nos dará oportunidad de apoyar la economía local y por supuesto tener un buen recuerdo de toda esa aventura.

Lección 4) Amor y empatía por los animales

Un día viajando en los Himalayas, nos encontramos en un sitio hermoso sin nada a nuestro alrededor más que una chocita y unos señores ofertando recorridos en camello, así que decidí subirme con una amiga y tomarnos unas fotografías por qué no, muy bonitas. Cuando nos bajamos, las dos nos pusimos a reflexionar y platicando pensábamos cuanto tiempo los camellos hacían eso durante el día, cuántas personas no se montaban en ellos y de qué manera los educarían para que estuvieran así de tranquilos, todo esto nos dejó un peor que mejor sabor de boca del recorrido. En Asia y muchos lugares del mundo, es muy común que la gente venda y compre fotos con animales exóticos, caminatas con elefantes, o que haya zoológicos, acuarios, etcétera, en donde puedes admirar la belleza de animales que ciertamente no están en su hábitat natural, y que, por supuesto pasan por muchos entrenamientos, a veces violentos para poder aprender a acostumbrarse al contacto con la gente. 

Es por eso que antes de pagar por un recorrido subido en un hermoso elefante que te regalará una toma increíble, o ir a un zoológico o acuario, pienses lo difícil que es para esas especies estar fuera de su hábitat o investigues si estos lugares tienen algún tipo de rescate animal o responsabilidad social. Es mucho más recomendable que si te gusta el contacto con los animales, sea directo con ellos en su hábitat natural y que los ames, respetes y cuides tu distancia para no molestarlos o herirlos.

Lección 5) Ser voluntaria (o)

Para mí ésta ha sido la lección más grande y la muestra más bonita de hacer un turismo responsable. Hacer un voluntariado mientras viajas es un ganar-ganar que te enfrenta a realidades que realmente desconoces y que te permiten no sólo auto-conocerte y explorar nuevas habilidades personales o profesionales, sino también te da la oportunidad de adentrarte profundamente en un lugar y ayudar de alguna manera para mejorarlo. Las veces que he sido voluntaria no ha sido fácil, me ha costado muchas frustraciones, incomodidades o más bien salidas de mi zona de confort, que ha cambio me han regalado retos que terminan en satisfacciones, buenos amigos y cariño sincero.

Hacer un turismo sustentable o responsable requiere de mucha aceptación y empatía por los lugares que visitamos, apertura y disposición a vivir y a aprender lo que cada sitio tiene para darnos, saber que con pequeñas prácticas que parecieran tan insignificantes uno puede hacer una enorme diferencia. Es también salirse de los estándares establecidos y de nuestra zona de confort, saber que no todo es bonito o cómodo, que no todo nos va a “gustar” ni tampoco todo vamos a “entender” pero sí todo nos puede dar grandes aprendizajes que llegarán con la disposición de dejar una huella positiva en cada lugar.

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