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SENTIR LA VERDAD ABSOLUTA

¿

Cuántos whatsapps lees al día? Si pusiéramos en números la cantidad de información y lectura que hacemos diariamente estoy segura de que nos sorprenderíamos. Dos mil diecinueve será más veloz de lo que podamos notar. Ya es febrero, por ejemplo.

 

Si bien vivimos dentro de una hipervelocidad de la que tal vez nuestros padres son renuentes y nuestros hijo/a/e/s son parte inherente, pocas veces dentro de nuestras veinticuatro horas tenemos momentos de completa lucidez. Les doy un ejemplo: vas manejando por la calle y sin darte cuenta frente a ti tienes una frase que te hace todo el sentido. Esas cinco palabras rayadas en una parada de bus, esa oración en el sticker de la camioneta de enfrente que no sabes por qué, pero te envuelve la existencia entera. 

Otro día más de espera en el dentista. Como las revistas ya no son lo de hoy y las que hay en la sala de espera son de dos mil tres, es lógico que tu celular y tu Instagram serán las mejores armas para matar el tiempo. El fondo musical del consultorio es glam rock de los ochentas, así que dando scroll down a todo tu timeline, te encuentra una de esas frases inesperadas.

Y ahí, en dos segundos resonó el eco de las palabras en tu cabeza. Felicidades, tuviste una verdad absoluta. 

Cinco palabras (o menos) son capaces de romperte los esquemas, de darle propósito a lo que estas tramando. Dime por favor que lo has sentido y que esto de lo que escribo no es una alucinación postmoderna. Tantas cuentas de Instagram que sigues, tantos Piolines, tantas imágenes del grupo de whatsapp de tu tía que te chocan pero reenvías, tantos memes por ahí que por lo menos alguna vez te han hecho la diferencia… por lo menos alguna vez un pedazo de letras te ha hecho sentir mucho más que un ser humano. 

¿O me equivoco? 

 

Llamémosle ingenio, llamémosle microliteratura, llamémosle pérdida de tiempo. Pongámosle el nombre que queramos a estos pequeños constructos que circulan en Internet, en la calle, en el tiempo; pero nunca subestimemos el poder del mensaje: casi siempre llega a quien debe de una manera inesperada e irrumpe embonando perfectamente en nuestras penas y sonrisas. 

“Lo borracho se me quita pero lo leonés jamás” – fue la última frase de verdad absoluta que leí un día manejando sobre el eje. La sentí. 

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