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MÚSICA A LA MEXICANA

El

contraste entre matices es parte de nuestra genética mexicana. Vamos de un extremo a otro con facilidad, unimos tendencias para crear patrones que sólo se conciben al decir “es mexicano”, en la música no hay excepción. 

Describir a la música mexicana agarrándonos únicamente del folclor tradicional, de lo vernáculo o de la exclusividad de origen y región como el mariachi, lo norteño o los guapangos, sería sesgar, limitar y abaratar el abanico de opciones que hoy en día nuestra música representa. 

Interminable recorrido histórico el que nos aguarda si nos ponemos a escudriñar nuestra música por géneros, corrientes y personajes que le han dado vida, voz y sentido. Por esta razón y con el fin de relatar una estampa de la música en una de sus muchas aristas, nos concentraremos en el perfil alternativo, independiente, innovador y propositivo de la música mexicana actual. 

Por obligación, nuestra música convive con lo global. Las tendencias mundiales que se imponen en el rock, el pop o la electrónica influyen directamente en la creatividad de los músicos mexicanos, el alternativo latinoamericano, el indie español, el synth anglosajón, todos están presentes de alguna u otra forma en las propuestas nacionales. La clave está en el matiz, lo que diferencia a lo nuestro de lo demás, es esa urgencia de expresión que ruge en los artistas mexicanos. 

No es por demeritar, ni discriminar, si dejo conscientemente fuera de esta radiografía a la banda, el mariachi, la cumbia o la salsa o cualquier otro género de estos que llamamos “populares” es por el simple hecho de que estos géneros mantienen la identidad histórica, folclórica y tradicional mexicana; en cambio, lo “alternativo” no se enfrasca en la conversación de lo que “es mexicano” sino que propone, arriesga, deforma, transforma y va creando nuevos caminos en la escena. 

Esta corriente que se mezcla cómodamente entre géneros y que además tiene el atrevimiento de no encasillarse en ninguno, tuvo en décadas pasadas exponentes tan grandes que hablaban por todo un país, Caifanes, Maná, Plastilina Mosh, Café Tacvba, Molotov, Zoé y un grueso número de referentes que fuera del tradicionalismo y adoptando tendencias extranjeras marcándolas con el sello de “Hecho en México” lograron convertirse en líderes de generaciones. 

Hoy día la cosa ha cambiado radicalmente, no por falta de talento, ni de propuestas; es por la diversificación del público, la llegada masiva vía streaming de cualquier cantidad de bandas ha generado infinitos grupos de audiencias pequeñas y que se comparten entre sí, pero no existe una generalidad en el gusto del público nacional. 

Puede ser Enjambre, Hello Seahorse, The Guadaloops, Natalia Lafourcade, DLD, Apolo, Rey Pila, Rubytates, Tessa Ia, Siddhartha, Odisseo, Comisario Pantera, Juan Son, Lng/Sht, Clubz, cualquiera de los antes mencionado puede o representa de alguna manera el gusto nacional, un gusto dividido por contextos pero que al mismo tiempo comparte a su público con una gran facilidad. El punk se mezcla con el pop de una forma que ni Avril Lavigne imaginó, el hip hop cambia el gangster por el hipster, y los mexicanos consumimos maremotos de propuestas que sobrepasan nuestro análisis. 

La muestra clara del porque de este supuesto escenario, es la gran cantidad de festivales que nos invaden en cada rincón del país. Antes, el Vive Latino era plataforma, guía y nirvana de las bandas mexicanas y aunque el Vive junto con el Corona siguen estando un escalón más arriba, el Pa’l Norte, el Coordenada, el Hell & Heaven, el Catrina o el que me cuenten, se convierten en escenarios más pequeños pero igual de importantes que los capitalinos. Incluso en este afán de identidad regional y de levantar escenas por regiones, los festivales del resto de la República cobran una valor de pertenencia mucho más importante para algún sector del público.  

Hoy la música mexicana es más indescifrable que nunca, “Futuro” de Café Tacvba es tan mexicana como el “El Novio” de Troker o “Etc.” de El David Aguilar es tan indie como el “No Mames Que Sigues Aquí” de Yokozuna. No hay un guion, no hay un camino para proponer, no hay una linea discursiva. 

Ver el vaso medio vacío sería pensar que no tenemos una gran banda alternativa que logre identificarnos como mexicanos, si lo vemos medio lleno, podríamos pensar que hay miles de bandas mexicanas que arman el rompecabezas de matices que nos representa como mexicanos. ¿Ustedes cómo ven el vaso?

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