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Miércoles de Libros

Foto de portada: Freestocks 

T  enía bastantes años ya sin venir a esta feria, así que un día de asueto y un calor de más de treinta grados si eran motivos suficientes para buscarme un buen aire acondicionado. Y si era con libros, qué mejor.

¿Qué es una feria del libro? Por definición práctica, un montón de libros esperando ser vendidos, un montón de escritores y editores cumpliendo con la agenda. Por definición personal, un encuentro de la gente con las palabras. Es un espacio temporal y físico donde distintas personalidades, trabajadores, expertos y otros eruditos de la lengua se congregan para hacer un poco por el oficio (esperando mucho, quizá). Un esfuerzo grande por hacer que algo suceda en este lugar del planeta. Para los que asistimos, es un buen pretexto para entusiasmarnos.

A la FeNaL le tengo un cariñito especial. Si bien somos casi de la misma edad, en los últimos años se ha dedicado a generarme emociones peculiares. Muchos pasillos, mucha gente, muchos niños. Ruido, gritos, compras, libros, charlas. Ofertas de “llévelo por $99”. Un día del trabajo, todos ahí siendo parte de la feria. Me atrevo a decir que contentos, recorriendo los pasillos, husmeando en los anaqueles para ver qué hay de bueno. La FeNaL es la primera feria del libro a la que fui en mi vida.

Entre tanto meollo, me alcanza para preguntarme en silencio si hay algún pasatiempo más personal que la lectura.

Más allá de las doce del día me acerco a una de las salas que están en medio de los pasillos para escuchar desde el micrófono a un par de tipos bien vividos, bien viajados y seguro que muy bien bebidos (no necesariamente en ese momento, si no en su vida en general). Casualmente ninguno de los dos tenía pelo, ambos hablaban español de ese que no es como el que nosotros hablamos pero igual entendemos. Estaba sucediendo uno de esos milagritos del idioma: esos sonidos del español que dan maravilla escuchar. Uno seseaba y otro cantaba con las vocales. Uno era español y otro argentino. Vinieron aquí desde lugares bien lejanos. A ambos (aún sin cabello) se les nota que ya están re canosos; los veo y doy por sentado que están cansados y que aquí llegaron para cumplir compromisos profesionales y dentro de todo, ojalá, también para darnos un poquito de esperanza y emoción. 

Qué envidia que la charla se llame “Crónicas de viaje”. Ya Carrión venía en el humor de estar acá según vi en sus foticas de Instagram. Caparrós solo nos regaló un tuit previo a este momento para anunciar que ya estaba en donde la vida no vale nada. Una charla breve pero linda en donde Jorge habla serio, pero cuando toca darle el micrófono a Martín, se le alcanzan a ver los dientes de la sonrisa. Al señor Caparrós se le puede ver peinando y arreglando ese bigotazo blanco cuando no le toca enunciar palabras.

Jorge Carrión nos dice que los viajes que hizo durante tanto tiempo, los hizo sin pensar en escribirlos. Martín Caparrós habla de las crónicas y cómo sin importar en que narrador las escribas, siempre van en primera persona: una crónica es de esos textos que antes de escribirse ya están medio hechos.

Entre tanto meollo, me alcanza para preguntarme en silencio si hay algún pasatiempo más útil para escribir que viajar por el mundo.

La charla termina y unos pocos somos los valientes que nos compramos un libro y esperamos una firma. También me pregunto si Martín Caparrós siempre viste de negro y si a Jorge Carrión no le da calor con ese saco. Espero que los nervios no se me hayan notado. Ambos nos sonríen amablemente a todos los que nos acercamos.

 

Paso más tiempo del que pensé en la feria, tanto que ya casi es el final del día y me duelen las piernas. Por supuesto un café me da la batería necesaria para seguir andando. Quiero ver si un libro más y yo nos vamos a encontrar.

¿Por qué existen las ferias del libro? La respuesta general sería que existen para promover la cultura y el negocio editorial. La respuesta que yo tengo es un poco más romántica y citaré a Jorge Carrión con algo que escuché de su boca este mismo día:

─“Los muertos” fue una respuesta: como puede la literatura salvarnos de un momento así. Cómo puedes narrar la pantalla, cómo puedes contar los fenómenos actuales en letras.─ 

Las ferias del libro existen como un esfuerzo para encontrarnos con lo que vivimos y lo que imaginamos pero contado de una manera distinta. En literatura.

La FeNaL siempre sucede en vísperas del día del niño. Uno de mis mejores recuerdos (y quizá por eso me llena de emociones esta feria) es que el regalo del día del niño para mis hermanos y para mí era ir a comprar un libro. Vaya, ahora la FeNaL ya está treintona.

Ya al final, me toca ver un poco de Caparrós de nuevo al micrófono, esta vez hablando sobre fútbol. El fútbol. Caparrós se molesta por el ruido y todos nos apenamos; aun así, continúa con la charla hasta terminarla. ¿Será más bonito hablar de fútbol qué de viajes?

Se me acaba el día y me voy.

Mi muy estimada FeNaL, este es un texto de alguien que no conoce tus entrañas, sino solo tu cara. Te quiero dedicar un aplauso desde estas letras. No eres la más grande, ni la más famosa, mucho menos en la que más se hace negocio, pero eres la que hace que abril y mayo sean una primavera calurosa rodeada de libros y cosas buenas en este pedacito de tierra en medio del país.

Por favor, sigue sorprendiéndonos.


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