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MIENTRAS LEÓN DUERME

Al ser originario de un pequeño pueblo de Nayarit siempre me ha intrigado la dinámica de las ciudades y sus habitantes. Cuando llegué a León en 2016 rápidamente logré acoplarme a la vida laboral, a sus horarios, a sus avenidas y congestionamientos. Pero hubo una parte de la ciudad que me intrigó demasiado: ese estado de ánimo que cambia al llegar cierta hora, como si fuera otra personalidad. Por la mañana al dirigirme a mi trabajo comparto con los rostros que me topo la prisa y frustración escondida bajo la formalidad de llegar a tiempo, por las noches al recorrer esa misma ruta de unas cuantas cuadras atravieso un desfile de contrastantes visiones de opulencia de la clase alta, seres coloridos entre la multitud o aquellos que resaltan su presencia con tatuajes que a la luz del día deben mantenerse escondidos. 

Mi cámara siempre ha sido mi acompañante para descubrir lugares y gente nueva. Después de unos meses sentí que ya había sobrepasado la etapa de turista enamorado a primera vista. Ahora quería conocer la verdadera personalidad de León, esa que se reserva solo para los que se ganan la confianza y logran intimar con la ciudad.

Casualmente comencé a salir a algunos de los pocos bares que en ese tiempo había en la zona centro. Rápidamente me llamó la atención la notable diferencia entre la formalidad de las personas durante el día y la excentricidad que surgía tras la puesta de sol. Este contraste me pareció particularmente visible en una avenida que conecta la zona centro con uno de sus principales atractivos turístico de la ciudad, “La madero” se apoderó de mi interés y con mayor frecuencia comencé a recorrerla para lograr conocer sus diferentes propuestas de puntos de encuentro.

Las chamarras y botas de piel, camisas con estampados llamativos, sombreros extravagantes o vestidos brillantes chocaban con el concepto de personalidad conservadora que me habían dado al describirme la ciudad durante mis primeros días.

Comencé a fotografiar a la gente y esos detalles que me parecían significativos, a crear ese retrato que reflejara todos los rostros y personalidades que conforman esta ciudad, bandas locales, djs, tribus urbanas, festivales locales, foros y todo aquello que pudiera nutrir mi descripción de León y representara fielmente su complejidad.  

Ahora, casi tres años después, sigo sintiéndome un extraño entre todos estos individuos que parecen conocerse de toda una vida, pero he logrado que me abran la puerta a conocer cada noche un poco más de ese León que no se ve de día. Espero lograr captar la esencia de la ciudad más allá de la descripción que se le cuenta al turista o al empresario. León vuelve a sorprenderme casi cada noche.

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