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Detrás del telón: las peripecias del vestuarista

Este artículo es patrocinado por Disonantes, personalidades discrepantes e inconformes unidos por el gusto a la buena música. Orgullosamente promueven temas de cultura musical. 

Misión imposible. El acto final de la última ópera de La Cenicienta, en Teatro Bicentenario, ha comenzando. El vestido de la protagonista está incompleto y alguien tiene que solucionarlo antes de que el telón destape la escena. Como a dos personajes de acción, en un intento por ocultarse tras bambalinas, el deber del oficio orilla a los vestuaristas a saltar fuera del escenario, sin que la concurrencia se percate del contratiempo.

Sin desviar la atención de la máquina overlock en la que detalla algunas piezas para “La Guerra en la Isla de la Paz”, Salvador Hernández González, Director General de “S.H.G. Vestuario”, recuerda ése anécdota, ocurrido en septiembre de 2013, como una de las tantas peripecias por las que han atravesado, en más de 6 años realizando vestuario.
“Al final de la ópera, cuando Cenicienta se transforma en novia, la actriz (Guadalupe Paz) se salía a los lados del escenario para que pudiéramos vestirla, maquillarla y pintarla en menos de 2 minutos. Parte del vestuario eran unas mangas aparte.

«En la última función terminamos de cambiarla, la sentaban atrás de unos telones en un trono. Se abría el telón y ella salía de en medio del trono. Cuando la vimos sentada nos dimos cuenta que faltaban las mangas, fuimos a ponerselas y justo cuando terminamos, comenzaron a abrir el telón. Tuvimos que brincar tipo Misión Imposible: del trono hasta afuera del escenario”, relata.

En un maniquí que descansa del otro lado del taller, reposan las ropas de un náufrago que forma parte del reparto de personajes para la siguiente puesta en escena. Es un camisón color blanco que de a poco va perdiendo la textura y los colores originales de la tela con que fue confeccionado. Detrás de él se encuentra Daniel Moreno, integrante del equipo S.H.G. Su tarea en esta misión es realizar las modificaciones necesarias para que la vestimenta pulcra obtenga el aspecto de quien lleva años perdido en una isla, la Isla de la Paz.

Con el pincel en las manos que ya adquirieron el color verdoso de la pintura con la que simula el moho que el tiempo ha dejado en las prendas del personaje, recuerda sus inicios junto a Salvador en una marca de moda que inició como un proyecto de amigos, el mismo que los llevó a participar como auxiliares de vestuario en el Teatro Bicentenario, antes de ser los encargados del departamento. En esa transición se dio cuenta de que, aunque van tomados de la mano, existen grandes diferencias entre hacer moda y realizar vestuario.

“Para hacer moda tenemos que estar basándonos en las tendencias mundiales: colores de temporada, colores, materiales, qué es lo que está consumiendo la gente. Tú puedes proponer tus propias alternativas, pero es de base revisar las tendencias globales.Para hacer vestuario, existe la libertad de hacer tu personaje siempre y cuando, al momento de verlo, la persona se remonte a la época. Un vestuario no es comercial, puesto que no se hace en grandes producciones”, explica Daniel Moreno.

Entre las vicisitudes que sazonan a esta labor, el vestuarista debe dejar la máquina, el hilo y las agujas para tomar libros, apuntes y artículos que los aproximen a los usos y costumbres de la época que tienen que evocar en medio del escenario y al interior de la imaginación de quien observa la puesta en escena. Marco Rodríguez, hace una pausa al conteo del calzado para la próxima presentación y toma el programa de mano de Madama Butterfly, la historia de amor de Cio-Cio San, una geisha que vivió cerca del 1900.

“Cuando hay vestuario que está basado en épocas pasadas o en una fecha en específico. Ahí entra un poquito de la moda, pero ahí estaríamos hablando de la historia de la moda. Sí tenemos que estar informados de qué era lo que usaban: cortes, colores de ese tiempo para que cuando tú veas a la persona, te remonte a la época. La ropa habla mucho de una persona.

Para Madama Butterfly tuvimos que investigar kimonos, pinturas, cómo se vestían. De hecho llevaron al teatro a Irene Akiko (actriz y bailarina mexicana de ascendencia japonesa) exclusivamente para que nos enseñara como se vestían, el uso de las prendas, etcétera”, comenta Marco.

Y así, entre escenas de acción protagonizadas por ellos mismos, largas jornadas de investigación y contextualización de la moda pasada, Salvador, Daniel y Marco, han encontrado en la elaboración de vestuario el oficio que les obliga a superar sus propios retos. Entre las mayores satisfacciones que han encontrado, no dejan de lado la habilidad de hacer posible la misión más compleja. Mucha mierda.

Comments (1)

  • Maru

    Son muy buenos y generosos

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